La palabra Xolo denota la desnudez. La palabra Xolo también es un perro sin pelo. La palabra Xolo es una palabra náhuatl. Miktlán es una palabra náhuatl. El perro que nos ayudará a cruzar el río del Miktlán es un Xolo. La vida también es un río para ser cruzado. Nacer, crecer, dolerse, enamorarse, amar, desear y morir es el río a cruzar en este libro. El universo sonoro recreado por la voz de Juan Pablo Villa es la cama donde la poesía de Mardonio Carballo se echa a dormir soñando que canta una canción circular. Nadando entre el náhuatl, el castilla, la música y la teatralidad va la poesía de Mardonio Carballo nadando, del nacimiento a la muerte, sincera, desnuda: Xolo.

Mardonio Carballo
Hablemos de poesía

por Sandra Lorenzano

Algo de eso hay también en la palabra poética. Y algo de eso, sin duda, en la palabra poética de Mardonio. Él mismo lo dice en el comienzo de otro texto, Xantolo, sobre la festividad de muertos en la Huasteca veracruzana. Les leo un fragmento:

Todos tenemos algo de santo, sobre todo después de muertos. Pero uno se muere de todo: de tiempo, de vida, de risa, de hambre y de todo. Para los mexicanos, y más para los que pertenecemos a un pueblo indígena, la muerte es sólo un síntoma de vida, nos enfermamos de vida hasta que nos curamos cuando llega la muerte, ya sea grande o chiquita. Para los que nacimos hablando el idioma náhuatl la muerte está con nosotros desde nuestros nombres. En náhuatl nombre se dice toka. El verbo sembrar se dice toka, entierro se dice también toka.

Hablemos de poesía, pues. De poesía, de memoria, de cuerpo, de ritmo. De la vida y de la muerte. Ni más ni menos. Luego vendrá lo demás.

II
Y la lengua. Claro. No hemos hablado aún de la lengua. Cómo me atrevo a hablar de poesía, y sobre todo de ritmo, sin hablar náhuatl. Me tomo esta “licencia poética” con la misma sensación de pobreza lectora que siento al leer las traducciones al español de Paul Celan o de Ana Ajmátova, por no leer alemán ni ruso. Carencia mía, pues, el no poder leer los poemas de Mardonio en su lengua original. Pero tengo una ventaja, la tengo yo y la tenemos todos los que nos acerquemos a Xolo: escucharemos al propio poeta leer en su lengua madre. En la lengua de los arrullos.

¡Qué relación complicada tiene este país con los pueblos indígenas! Mezcla de orgullo, de paternalismo, de desprecio, de temor, de ajenidad. Como si los indígenas fueran y no fueran nuestros compatriotas. Con políticas públicas cambiantes, ambivalentes. Pareciera un tema que no se resuelve. Me decía Mardonio en una entrevista: “Que yo sea el primer indígena que tiene un programa de televisión no habla bien de mí, habla mal de nuestro país”.s. En la lengua de los primeros miedos y los primeros amores. Por eso puedo hablar de ritmo, de pasión, y de palabras que se van metiendo de a poco por los poros hasta ser parte de nosotros mismos.

En este contexto, el tema de la lengua no es irrelevante. Nunca el tema de la lengua es irrelevante. Pero Xolo nos muestra algo más. Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa nos muestran algo más. Y aquí sí voy a entrar al segundo elemento constitutivo de esta propuesta: la música. O mejor dicho: el diálogo entre la música y la poesía.

Mientras escribo estas líneas escucho el disco, por supuesto. Juan Pablo Villa sabe lo que hace con la poesía de Mardonio. No sólo porque tiene una sensibilidad fuera de lo común, sino porque ha estudiado como pocos en nuestro país las posibilidades de la voz como elemento de construcción sonora. Dicen que aprendió del agua. De las profundidades de un lago cuando tenía sólo diez años. También lo aprendió de los inuit, de los cardencheros de Durango, de los japoneses de Nanto, de los mongoles. Y ahora lo aprende con Mardonio y su raíz náhuatl. La garganta de Juan Pablo es fuente de sonidos y de silencios. Comparto con él algunas obsesiones, aunque él aún no lo sepa.

Explorador de las corrientes más interesantes y transgresoras de la música contemporánea, este músico formado en las vanguardias, en el jazz, amante a la vez de las formas populares y de la experimentación sonora, ha hecho un dúo excepcional con Carballo.

Yo sé que ustedes que nos acompañan hoy aquí lo saben, pero no está de más recordarlo: no estamos ante la “musicalización” de los poemas, sino ante una creación conjunta.

Aquí está la voz, íntima y profunda, pero también exaltada o teatral del poeta, recitando, cantando, sonando en castilla y en náhuatl. Aquí está la música. Están los gemidos, las respiraciones, los ritmos, los silencios, los juegos sonoros, las repeticiones, los aullidos, los murmullos que han construido entre los dos. Y que nos ponen la piel chinita.

III

Para terminar sólo quiero decir que como fanática que soy de todos los caminos que se exploren para hacer crecer la palabra poética: en diálogo con otros lenguajes, en la calle, con los jóvenes, en voz alta, en murmullos, lo que sea que abra caminos a la poesía, me hace muy feliz este proyecto, y me hace más feliz aún tener la inmensa suerte —ustedes y yo— de sumar este pequeño y maravilloso objeto que es Xolo en el apartado más entrañable del soundtrack de nuestra vida.

Gracias a Mardonio y a Juan Pablo por habernos regalado esta posibilidad.


Texto leído en la presentación de Xolo (libro-disco de Mardonio Carballo y Juan Pablo Villa) en la Feria del Libro Independiente realizada en Librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México, el 15 de junio de 2012.